Y teniéndolo todo, solo quise tener lo que jamás sería mío; y sin desfallecer en cada intento, cerré mis ojos por siempre, acompañada de una cálida y sincera sonrisa, porque había logrado algo más grande que obtener lo que siempre quise. Aprendí, al final de mis días, que el amor va más allá de la posesión, más allá de la reciprocidad; me había bastado amar lo que jamás fue mío, me había bastado hacerlo feliz con mi ausencia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario