miércoles, 21 de agosto de 2024

Del Arte y el Oficio

Vivir del arte es como andar sobre un hilo invisible, siempre a punto de caer. Dicen que es un lujo, que debería ser solo un pasatiempo, pero para quienes llevamos la creación en la sangre, es una necesidad tan básica como respirar. No es fácil, claro que no. Las noches se vuelven largas y los días, cortos. La incertidumbre pesa más que cualquier salario fijo. Pero aun así, aquí estamos, aferrándonos a esa chispa que nos mantiene vivos, aunque el mundo no siempre entienda el precio de cada palabra escrita, cada trazo o cada escena.

El arte no se alimenta solo de inspiración; también necesita apoyo, espacios y oportunidades para florecer. Pero en un lugar donde se mide todo por lo que se puede vender, el trabajo creativo queda relegado a los márgenes. Muchos miran al artista y piensan que su labor es ligera, sin saber que cada obra lleva dentro un pedazo de su alma. Y en un mundo que avanza rápido, quienes decidimos detenernos para crear somos vistos como soñadores sin rumbo.

Apoyar el arte es más que solo consumir lo que ya está hecho. Es valorar el proceso, entender que detrás de cada libro, cuadro o pieza hay una historia que lucha por ser contada. Cada vez que alguien elige arte, está eligiendo darle un espacio a la belleza, a la crítica, a lo esencial. Y esa elección es un acto de resistencia frente a la superficialidad. Porque el arte, aunque silencioso, tiene el poder de sacudir, de hacer que nos miremos en el espejo y cuestionemos lo que damos por hecho.

El futuro de una sociedad no solo depende de sus avances materiales, sino de su capacidad para entender y expresar lo intangible. Por eso, apoyar el arte es apoyar nuestra esencia, nuestras raíces y nuestro camino hacia adelante. Si no lo hacemos, si dejamos que se pierda entre las grietas, estaremos renunciando a lo que nos hace verdaderamente humanos. Al final, detrás de cada artista que sigue adelante, pese a todo, hay un corazón que late con la esperanza de que lo auténtico, lo verdadero, siga teniendo un lugar en este mundo.

jueves, 30 de junio de 2016

¿El fin justifica los medios?

En el trasegar de los tiempos, ésta es una pregunta que todos los seres humanos, en algún  momento determinado de nuestras vidas, nos hemos hecho. Es muy fácil hacerla a nuestras mentes confundidas, llenas de ambiciones personales, sueños por cumplir e ilusiones inconclusas. Pero, ¿realmente existe una respuesta correcta a este interrogante?

Entre las letras de esta novela, encontrarán a María Ángel, una mujer soñadora y ambiciosa, en la cumbre del éxito. En donde se podría decir que ya no le hace falta nada más, pero quien descubre el sabor amargo del éxito conseguido a toda costa. Ella, descubre que la felicidad no era el éxito de sus sueños materiales. Lo abandona todo. Regresa a sus raíces. Pero se encuentra con historias de vida que la marcan para siempre y la llevan a emprender, por primera vez, un camino motivado por el bienestar social y no individual. 

No es la historia de María Ángel, es la historia de cada uno de esos seres humanos que olvidan que somos seres sociales, que la felicidad no esta en lo material, que es efímera pero consecuente. Es el espejo de las emociones con las que tropezamos al sentirnos víctimas, de las que huímos, de los miedos constantes que nos aquejan al enfrentarnos a situaciones fuera de nuestro control. Es la historia de sanación espiritual de los protagonistas, a quienes les arrancan un ser querido injustamente y quienes toman la decisión de no guardar de rencor, de no ser protagonistas del círculo de la venganza en el que se envuelve la sociedad. Es la historia de quienes decidieron sembrar perdón para construir días mejores.

Escribir esta novela es mi forma de agradecerles a todos ellos, el haberme mostrado que desde que exista un ápice de esperanza, una pizca de voluntad; se puede construir las más maravillosas obras, de las ruinas y los escombros.

Los invito a que acompañen la lectura de esta historia con la plena certeza de que no la escribió una erudita, ni una consagrada escritora, sino una mujer que le apuesta a la sensibilidad del ser humano, que sigue creyendo firmemente en la capacidad de que todos y cada uno de nosotros, somos los creadores de lo que nos rodea.

Con cariño,


Fernanda Cifuentes.

La Autora.

martes, 5 de abril de 2016

Pacto de Amor

(...)Haré contigo un pacto de amor.

Uno en el que no existan más que momentos,

uno en el que gobierne el presente,

uno que nos una en un siempre inexistente.

Por ti... seremos un siempre contenido en instantes.

Porque esto va más allá de una posesión,


más allá de la reciprocidad...Porque sólo con este pacto,


seremos eternos, en la inmensidad de lo inverosímil,


en la crueldad de los sentidos(...)

sábado, 5 de marzo de 2016

Tus Ojos

Oscuros y penetrantes, se enredan en mis pensamientos cada noche; sin pedir permiso, sin avisar.

Me transportan a ese momento único y maravilloso en el que no existe ni pasado ni futuro, sólo ese instante, perfecto e inverosímil.
Sólo tu y yo, nuestra canción, nuestro ocaso, nuestra noche bajo Orión. Nuestro momento. Nuestro siempre contenido en el tiempo y espacio.

Esos ojos tuyos no son marrones naranjas, pero son los únicos que han logrado ver mi alma.

Te amo de la única forma que se puede amar, con el alma, el espíritu, sin ataduras, porque somos almas libres y nos queremos libres.

Porque un amor que no te corta las alas, es un amor para siempre y éste siempre es sólo tuyo y mio.

¡Mientras Te Esperaba!

Y mientras te esperaba, sumida en la  ausencia de sonrisas, con ese vacío en el pecho y la frustración de no tenerte. Algo pasó; apareció quien me devolvió la sonrisa, quien me hizo pararme frente al espejo y me enseñó lo valiosa que soy. Mientras te esperaba, te olvidé.

De pronto una noche ya no te dediqué mis insomnios, estaba ocupada conociendo otro cuerpo, otro espíritu. Al llegar el día, ya mis pensamientos no eran para ti, tenían nuevo dueño.

Te olvidé, mientras te esperaba.

Por primera vez supe que mi amor por ti no fue tan grande como pensaba, lo grande era mi terquedad al ver que te perdía, lo grande era mi orgullo femenino herido por tus engaños, pero no el amor que profesaba.

Entendí, por primera vez, que a pesar de tus fallas; creías en mi amor, en mi lealtad. Pero te fallé, porque mientras te esperaba, me enamoré.

Me enamoré de alguien que representa todo lo que un día quisiste ser; todo lo que envidias, todo lo que odias.

No es venganza si así lo crees. Sólo pasó. Cosas del destino. De una fuerza superior a nosotros.

Sorprendentemente te equivocaste al pensar que solo tú podrías fijarte en mí, que solo tú podrías remover mis pasiones.

Mientras te esperaba, te olvidé.


Sobre la Pasión - Divagando


Y cuando estés agobiado por la rutina diaria de un trabajo necesario para subsistir en esta sociedad consumista y superficial. 

Cuando tu sonrisa no sea por mas razón que un cheque cobrado a fin de mes y tus ocasos se conviertan en una lámpara de oficina reflejando su luz artificial en cuatro frías paredes. Sentirás la necesidad de escapar a momentos más humanos, más honestos, más espirituales.

De pronto recordarás mi nombre, mis ojos, mis palabras. Y sin una gota de confusión arribarás de nuevo a tu realidad, con la convicción y fuerza para no dejarte consumir, de conservar tu esencia pese a quienes te rodean.

Seré tu motor en la distancia para que no abandones tus pasiones.

Porque, ¿De qué sirve nuestro paso por la vida, si no hacemos lo que nos apasiona realmente?

Sobre el Amor - Divagando


Y teniéndolo todo, solo quise tener lo que jamás sería mío; y sin desfallecer en cada intento, cerré mis ojos por siempre, acompañada de una cálida y sincera sonrisa, porque había logrado algo más grande que obtener lo que siempre quise. Aprendí, al final de mis días, que el amor va más allá de la posesión, más allá de la reciprocidad; me había bastado amar lo que jamás fue mío, me había bastado hacerlo feliz con mi ausencia.